El acuerdo  de Joe Biden y Ursula Von der Leyen sobre el acero verde, tuvo importantes lecciones para la conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2021, COP 26, llevada a cabo entre  el 31 de octubre y el 12 de noviembre.  El pacto bilateral alcanzado por el presidente de Estados Unidos y su homóloga de la Comisión Europea en vísperas de la fiesta mundial del clima de Glasgow,  es una propuesta y compromiso para descarbonizar las economías.

Recordemos que  la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático de 2021 fue la 26.ª conferencia de las partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, en la ciudad de Glasgow, Escocia.

A simple vista, el pacto simplemente revierte el obstinado arancel del 25% de Donald Trump sobre las importaciones de acero de la Unión Europea, contra el que Bruselas no tardó en tomar represalias. Pero añade un elemento ecológico vital. Las dos partes reducirán los aranceles mutuos, pero los mantendrán para las importaciones de otros Estados que no cumplan las normas de producción de acero con bajas emisiones de carbono. Estos detalles se continúan afinando actualmente.

Ambas partes están bien situadas para ejercer presión. Una proporción importante  de su producción nacional procede de hornos eléctricos que queman chatarra. Estos hornos emiten muchos menos gases de efecto invernadero que los altos hornos de carbono que producen la mayor parte del acero chino. Estados Unidos, Alemania e Italia son también los tres mayores importadores de acero del mundo, mientras que China representa la mitad de su producción. Una presión coordinada por parte de los compradores podría conducir a una reducción significativa de las emisiones en un sector que bombea 3.000 millones de toneladas de dióxido de carbono al año, no muy lejos del 10% del total de la humanidad.

Aparentemente  el acuerdo parece poco ambicioso. La forma de operar preferida por la UE, reiterado el lunes por Von der Leyen, es un precio global para el carbono. Para contrarrestar el riesgo de que las empresas europeas trasladen sus fábricas fuera del bloque, Bruselas impulsa una tasa fronteriza sobre el carbono que imponga este precio a las importaciones extranjeras. Sobre el papel, es una buena solución.

Sin embargo, será difícil conseguir que los legisladores estadounidenses apoyen un acuerdo de este tipo. Además de la complejidad, parece que Europa le dice a Estados Unidos lo que tiene que hacer. De ahí que incluso un defensor de la ecología como el exsecretario de Estado John Kerry se mostrara contrario a la idea a principios de este año.

El nuevo acuerdo definirá cómo es el acero verde, pero permitirá a Biden llegar a él mediante normas reguladoras y a Von der Leyen utilizar la fijación de precios del carbono. Teniendo en cuenta que el planeta necesita reducir a la mitad las emisiones de carbono para 2030, es preferible un compromiso en favor de las ganancias rápidas que esperar un acuerdo universal.